domingo, 12 de abril de 2015

"Kuntur Kuyashkamanta" (El Cóndor Enamorado)


Los cuentos infantiles son de gran importancia para la iniciación del gusto literario de los educandos, razón por la cual, debe estar presente de manera continua durante el desarrollo de cada persona, tanto en los espacios escolares como en el hogar; pues, a través de ellos, podemos trasmitir mensajes claros de lo que deseamos que los niños aprendan y conozcan. De la misma manera, es indispensable que dentro de la literatura infantil tanto la historia como las ilustraciones sean llamativas y logren captar la atención del público al cual se dirige, para así crear en ellos el gusto por la lectura que mas tarde, se pueda convertir en un hábito de su vida cotidiana. 
De la misma manera, podemos aprovechar estos objetos de aprendizaje para rescatar nuestra cultura y sumergir a los niños mediante su imaginación a un mundo en el que sean capaces de enriquecer sus conocimientos y su vocabulario entre otras destrezas que esta actividad nos permite.

Muchos autores como Alfonso Toaquiza, nos brindan la oportunidad de conocer los relatos de la tradición oral de nuestros pueblos así como idiomas propios de Ecuador, ilustrando sus obras con imágenes llamativas y permitiendo al lector envolverse en un mundo de fantasía y mágicas historias.

En este blog, queremos rescatar precisamente relatos y leyendas de la cultura ecuatoriana para conservarlas de generación en generación y transmitir a nuestros niños, durante su edad escolar, estas mágicas historias. 

El primer cuento que presentamos fue escrito e ilustrado por Alonso Toaquiza quien nació en Yanacachi y creció en la comunidad de Tigua Chimbacuchu y hoy,  nos relata una leyenda muy común dentro del pueblo kichwa.

El Cóndor Enamorado
Escrito & Ilistrado por: Alfonso Toaquiza



Cuando Pachakamak creó el universo, vivían en nuestro mundo las plantas, los animales y las personas. Lo único que faltaba era un mensajero para llevar información entre los espíritus y la gente. El Pachacamak necesitaba alguien que le avisara todo lo que pasaba en la tierra. La Pachamama quería comunicar a la gente cuándo sembrar y cuándo cosechar. Faltaba alguien que pudiera volar hasta el cosmos para recibir los mensajes y entregarlos a nuestros pueblos.

Entonces el Pachakamak y la Pachamama convocaron a los poderes del universo para crear un mensajero sagrado. El Padre Sol y la Madre Luna, los árboles, los ríos, los vientos y las estrellas, todos se dieron la mano con sus energías. El Taita Cotopaxi y la Mama Tungurahua llenaron el cielo con lava y ceniza. Los llamingos huyeron del lugar. El hombre sabio preparó ceremonias con fuego y música.
Entre lluvias y relámpagos apareció un huevo y de él salió el hijo más esperado.
Era un ave. Era un cóndor.

Durante muchos años el cóndor volaba solo, entregando mensajes con Kipus a través de señales y sueños. Llevaba los pedidos humanos al Pachakamak y regresaba a la tierra con las respuestas. Avisaba a nuestra gente cuándo una muerte ocurriría en el pueblo.
Sin embargo,  el Cóndor se sentía solo. "Todos tienen pareja", pensó cierto día, "hasta los conejos ¿Por qué yo no?"
Así que decidió ir en búsqueda del amor.

El Cóndor voló sobre los páramos del Tigua donde los jóvenes pastoreaban a la ovejas y a los llamingos.
Allí vió a una hermosa chica pastoreando a los animales acompañada por sus dos perritas, e inmediatamente el Cóndor se enamoró de ella. Antes de acercarse, robó el poncho a un pastor que dormía, y se lo puso para presentarse elegante ante ella.  
El Cóndor se escondió entre las rocas y miraba a la chica pensando cómo podría llegar a ser su enamorado.
Por fin el Cóndor saltó donde la joven. Como llevaba puesto el poncho rojo, las plumas de su cuello parecían una bufanda blanca y las plumas de sus piernas parecían calzones. La chica quedó convencida de que el Cóndor era un chico y se dejó acompañar.


La chica le conversó sobre su vida difícil. Por ser hija única de su familia, pasaba todos los días pastoreando en el páramo, y de tanto caminar sus pies estaban lastimados "si tuviera con quien casarme, yo me casaría", dijo ella.
Al escuchar esas hermosas palabras, el Cóndor ofreció su ayuda para reunir a las ovejas. 
Mientras reunía a las ovejas, el Cóndor escogió al borrego más grande y se lo comió. Después de comerse todito el borrego el Cóndor regresó donde la chica. Viendo que su pico sangraba, la joven le preguntó: "Y a usted, ¿qué le pasó?" el Cóndor contesto: "¡Ayayay! Bonita, ¡por qué no me avisaste que tenías un carnero bravo? ¡Casi me mata!", le dijo. "Perdóneme y permítame lavarle la carita", dijo ella.
Ahora que eran amigos, pasaron jugando todo el día. El Cóndor le regaló flores de Kuynkilla de la montaña más alta. La chica se reía mientras el Cóndor la cargaba de un lado a otro del río. "Así voy preparándola para que después vuele conmigo", pensó el Cóndor.



Cuando cayó la tarde, la perrita Azucina guió a las ovejas hacia la casa, entonces la chica pidió al Cóndor que le ayudará a cruzar el río una vez más. El Cóndor le dijo que lo abrazara muy fuerte, abrió sus inmensas alas y salió volando con la chica encima. La joven lanzó su pushkana y sik - sik a la perrita Amapula. La perrita se quedó ladrando y la chica gritó: "ahora ya sé quién es usted, no es ningún chico. ¡Ha  sido el Cóndor!"
Al principio la chica tuvo miedo pero, al respirar el aire puro, ella se sintió libre como un ave. Desde el cielo vio un paisaje que nunca antes había imaginado. Pudo ver las huertas de papa, cebada y cebolla, todas de diferente colores, y también muy pequeñas. Así mismo el Cóndor le mostró el agua verde azulada del Quilotoa, los picos helados de los Ilinizas, y la gran montaña nevada del Chimborazo. Pudieron ver el interior de los volcanes sagrados, Cotopaxi y Tungurahua.


 Después de un largo paseo, el Cóndor llevó a su enamorada a la peña Kunturmatzi. La chica se sintió cómoda en su nueva casa y el Cóndor se sintió cómodo a su lado. Entre beso y abrazos el Cóndor la picoteaba cariñosamente, y así le empezaron a salir una tiernas plumas por todo su cuerpo. No se dieron cuenta de que Amapula los había seguido todo el tiempo. Mientras tanto, Azucina cumplió su labor de llevar las ovejas y los llamingos al corral; los padres de la chica se asustaron el ver que su hija no llegaba. Sin embargo, el Padre Sol ya había bajado, entonces se retiraron a la casa para buscarla al siguiente día.

A primera hora de la mañana, Amapula llegó a la casa e hizo señas con sus patas para contar a la familia que su hija se había ido con el Cóndor. Entregó la pushkana y el sik - sik como prueba, y en seguida los vecinos fueron llamados al rescate.

Cuando amaneció el Cóndor sintió hambre y salió a buscar comida. Regresó con un venado y junta, la pareja comió.



Mientras la pareja comía, Amapula guió a la gente del pueblo hacia el Kunturmatzi. Armados con hachas y palos, todos le gritaban: "¡ Suelta a la chica! ! Cóndor maldito, Cóndor ladrón!". Algunos lanzaban piedras al Cóndor mientras otros lo amenazaban con sogas de cuero.

El Cóndor se quedó mirando como los hombres subieron a la montaña y cómo lanzaron una larga soga a la chica. Ella, obedeciendo a su padre, cogió la soga y se bajó. Al llegar al pueblo, los padres encerraron a la chica en la casa, aseguraron las puertas amarrándolas bien y se fueron al campo a la cosecha.Pero la chica se sentía sola. Quemó un puñado de paja y le mandó al Cóndor un mensaje de que la llevara con él.

Viendo la señal de humo, el Cóndor bajó hasta el pueblo y rompió el techo de la casa. Con sus patas levantó a la chica, agitó sus alas y se fueron volando, la gente insultó de nuevo al Mensajero Sagrado. Esta vez el Cóndor llevó a su compañera hasta la peña Kunturmatzi más alta, donde las personas no pudieron alcanzarlos. Allí comenzó a picotearla con mucho más afecto y con cada picotazo a ella le salían más plumas.



La gente se acercó pero ya era muy tarde: la chica había completado su transformación. Era un ave. Era un cóndor. La Cóndor miro hacia abajo y mostró su nueva cara a la comunidad. Luego, con una de sus alas se despidió de su madre y de su padre.

Los padres no tuvieron más que aceptar la unión entre su hija y el Cóndor, y sembraron de lagrimas el largo camino a casa. Pachamama y Pachakamak quedaron felices por la pareja elegida, y por las futuras generaciones de mensajeros que garantizarían la buena conexión con la gente.
Y hasta hoy advertimos a nuestras hijas que pastorean en el páramo: "¡Cuidado te lleva el Cóndor!"





Cuentos y relatos como este nos permiten acercarnos más a nuestra cultura y compartirla con cada generación.
Finalmente, cada enlace o hipervínculo, permite al lector de este blog conocer detenidamente conceptos, ideas y significados que complementan el artículo así como, observar imágenes y videos, que ilustran los contenidos. 


Blog escrito por:
 María José Iñiguez Carvallo